El irrecuperable Estado palestino

Publié le par Julien Salingue

Intervención en el Coloquio del Círculo de Investigadores sobre Medio Oriente (CCMO), el 6 de abril de 2011.
Traducido por Guillermo F. Parodi.

 


Los Acuerdos de Oslo fueron considerados, al menos por la parte palestina, como una etapa hacia el establecimiento de un Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza. Pero, 17 años más tarde, la perspectiva del Estado independiente nunca ha parecido tan lejana. Cada vez más voces se elevan, incluso del lado palestino, de antiguos partidarios y artesanos del proyecto de Estado, afirmando que este programa resulta ahora “caduco”. El título de la obra de Ziad Clot, ex miembro del equipo de los negociadores de la OLP, es una de las más recientes y más brillantes ilustraciones de ello: “No habrá Estado palestino”.

 

¿Qué ocurrió? ¿El fracaso evidente del proyecto de Estado independiente se debe al hecho de que los acuerdos de Oslo fueron mal conducidos o traicionados? ¿O al contrario, este fracaso era inherente a la lógica de Oslo?

Cada vez para más analistas, la continuación de la ocupación y la colonización, y la “digestión” de Cisjordania y Jerusalén por Israel simplemente hizo desaparecer las bases materiales del establecimiento del Estado. En esas condiciones, ¿cómo comprender la política conducida, por el Primer Ministro Salam Fayyad, de construcción de un Estado palestino de facto, a pesar de la ocupación?

 

Finalmente, en la medida en que la reivindicación del Estado independiente se concibió durante los años 70, como una solución pragmática en un contexto sociopolítico regional actualmente en plena convulsión. La consigna del Estado independiente, sin hablar de su viabilidad, ¿no aparece cada vez más como a destiempo con las transformaciones regionales?

 

Los Acuerdos de Oslo: la continuación de la ocupación por otros medios


En la guerra de 1967, Israel conquista, entre otras, Cisjordania y la Franja de Gaza. Fue una victoria militar más rápida y más fácil que la de 1947-1949, pero con una diferencia notable: la mayor parte de los palestinos no partió. El éxito militar creó una dificultad política: Israel aloja desde entonces a los palestinos de Cisjordania y de Gaza, que se suman a los de 1948. La pretensión del estado de Israel de ser al mismo tiempo un Estado judío y un Estado democrático se ve seriamente amenazada.


Para responder a esta contradicción un General laborista, Ygal Allon, presenta al Primer Ministro Levi Eshkol, en julio de 1967, una solución alternativa a la expulsión, preconizada especialmente por el General Ariel Sharon, que comprometía el apoyo internacional del que disfrutaba Israel. La filosofía del “Plan Allon” es la siguiente: renunciar a la soberanía de las zonas palestinas más densamente pobladas siempre conservando el control exclusivo sobre el valle del Jordán, sobre la margen occidental del Mar Muerto y sobre Jerusalén, cuyos límites municipales deben ampliarse considerablemente. Así, se establecería una entidad palestina constituida por cantones aislados, con atributos de soberanía limitados.


Un examen del contenido de los acuerdos de Oslo indica que no son, en última instancia, más que una actualización del Plan Allon: retirada de Israel de las zonas palestinas más densamente pobladas (zonas A), pero continuación de la ocupación en las zonas B y C, en las cuales el ejército israelí se compromete a “redistribuirse” sin, con ello, pretender “retirarse”. El aplazamiento a “negociaciones sobre el estatuto final” de las cuestiones esenciales, que son la colonización, el estatus de Jerusalén y de los refugiados, permite al Estado de Israel proseguir su política de colonización y expulsión.


Los israelíes más pragmáticos aceptaron «negociar», en realidad imponer a una dirección de la OLP que está al borde de sus fuerzas, arruinada financieramente y marginada políticamente, unos acuerdos esencialmente económicos y sobre seguridad: normalización de las relaciones económicas con Israel, subcontratación de las tareas de mantenimiento del orden en las ciudades palestinas a la nueva Autoridad Palestina (AP). La AP se concibió como un proto-aparato de Estado sin Estado con los atributos de soberanía limitados, integrado en el dispositivo de ocupación, y no pudiendo pues, por razones estructurales, transformarse en Gobierno de un Estado independiente.


El levantamiento de septiembre de 2000, expresión de la cólera popular ante los callejones sin salida de Oslo y la tentativa de Yasser Arafat reequilibrar la relación de fuerzas tan deteriorada ante Israel, y la victoria de Hamás, organización hostil al “proceso de paz”, en las elecciones legislativas de 2006, pueden comprenderse como las expresiones más evidentes de la muerte del proceso de Oslo. Algunos sin embargo apuestan, todavía hoy, por la posibilidad del desarrollo de estructuras e infraestructuras palestinas a pesar de la ocupación, que podrían sentar las bases de un hipotético Estado palestino independiente.

 

El plan Fayyad : ¿La independencia bajo ocupación?


El Primer Ministro palestino Salam Fayyad es de aquéllos. Y, un argumento nuevo y notable, si el AP “de la era Arafat” mantuvo las ambigüedades entre continuación de la resistencia contra la ocupación israelí y la construcción del aparato de Estado a pesar de la ocupación, con el ex alto funcionario del Banco Mundial y del FMI, las cosas quedan más claras. Los dos documentos programáticos elaborados por la Autoridad Palestina a partir de junio de 2007 son a este respecto muy elocuentes.

 

El primero de ellos, el Palestinian Reform and Development Plan (PRDP) (Plan de Reforma Y desarrollo de Palestina, NdT), se presentó en París en la Conferencia de los países donantes en diciembre de 2007. El plan obviamente satisfizo a los países occidentales que prometieron a Salam Fayyad una dotación de 7.700 millones de dólares, mientras que el AP sólo reclamaba 5.600. O un añadido del… 37,5%. Más bien extraño. En su versión final, el PRDP tiene 148 páginas. La palabra “resistencia” no aparece ninguna vez. La palabra “seguridad” se repite… 155 veces.


El segundo documento programático data de agosto de 2009 y se titula a “Palestina: terminar con la ocupación, establecer el Estado”. El documento es más conocido bajo el nombre de “Plan Fayyad”. El Primer Ministro expone en el documento su visión del Estado palestino mediante una política. Primero hay su visión de la construcción del Estado palestino por una política de «Facts on the ground» (Hechos en el terreno, NdT): se trata de construir las infraestructuras del futuro Estado a pesar de la ocupación, con la perspectiva de una declaración de independencia en 2011.

 

En Fayyad se opera pues un cambio de paradigma: es el proceso de construcción del Estado lo que permitirá poner un final a la ocupación y no que el fin de la ocupación permitirá construir un Estado. Si en este documento se realiza, el mismo cálculo que en el PRDP, el resultado es casi el mismo: en 37 páginas, el término “seguridad” aparece 38 veces; la palabra “resistencia” aparece una vez, en una frase que indica que el Gobierno aportará su apoyo a las iniciativas no violentas contra la construcción del muro.

 

Remodelación del aparato de seguridad y desarrollo económico son las dos prioridades de Salam Fayyad. Me concentraré aquí en el aspecto económico, que es el “producto de atracción” del Plan Fayyad. El crecimiento económico palestino anunciado en 2010 es, si se analizan de cerca los datos disponibles, una engañifa. Detrás de las cifras al parecer halagüeñas (+7 u 8%) se disimulan numerosas disparidades: los sectores que empujan el crecimiento al alza son la construcción (+20%) y los empleos de servicios (+10%), mientras que la producción industrial aumenta débilmente y la producción agrícola está en baja.

 

Además las disparidades entre enclaves económicos son importantes, en particular, entre Cisjordania y Gaza, y también entre algunas ciudades dinámicas (Ramala, Belén) y el resto de Cisjordania, en particular, las zonas C (más del 50% de Cisjordania); Israel controla siempre severamente las importaciones y las exportaciones palestinas; el déficit presupuestario es considerable (en 2009, 1.590 millones de dólares, lo que representa 26% del PNB) y mantiene a la AP en una dependencia económica total frente a los países donantes; por fin, aunque el desempleo está en baja en Cisjordania, entre la mitad y dos tercios de los hogares palestinos viven hoy bajo el umbral de pobreza, mientras que el precio de los productos alimentarios aumentó un 50% en 6 años.

 

La aparente prosperidad actual no corresponde a una emancipación económica real con respecto a Israel o los países donantes. La economía palestina sigue siendo una economía subordinada y dependiente de las decisiones israelíes, de las exigencias de los donantes de fondos y de los proyectos de inversión que tomando a la letra el slogan de la Palestine Investment Conference (Conferencia para Inversión en Palestina, NdT) organizada en 2008 con el apoyo del gobierno Fayyad (“You can do Business en Palestine”, -Usted puede hacer negocios en Palestina, NdT-) desarrollaron una forma de “economía casino”: poco preocupados por el desarrollo real, local y a largo plazo, esperan embolsar rápidamente mucho más de lo que invirtieron sabiendo que los riesgos de perderlo todo son muy elevados.


Esta precariedad y esta subordinación económica son el reflejo de la política de precariedad y subordinación política: no pueden permitir invertir la relación de fuerzas con respecto a Israel. En una reciente entrevista, el economista palestino Yusef Abdel Haaq declaró: "Todo el mundo sabe que la soberanía política está en manos de Israel. Así que si Salam Fayyad pretende lograr cualquier cosa, hará falta que Israel la apruebe. Y lo que Israel aprueba es lo que está en sus planes, no en el de los palestinos” (Politis, semana del 31 de marzo al 6 de abril).

 

La política actualmente conducida dista mucho de ser popular en los territorios palestinos, excepto en la minoría que se beneficia directamente, por ejemplo mediante la participación en la especulación inmobiliaria en Ramala, ciudad en la que el precio del metro cuadrado se ha triplicado en los últimos cinco años. Nada de asombroso, en tales condiciones, para que más de un tercio del presupuesto de la AP esté consagrado a las distintas fuerzas y servicios de seguridad y que el aparato represivo “se modernice” al mismo ritmo que las colonias se construyen en Cisjordania: el número de construcciones se cuadruplicó en 2010 con relación a 2009.

 

El Estado palestino: ¿una reivindicación de otros tiempos?


A pesar de las ilusiones generadas por el plan Fayyad, los hechos son difíciles superar: la influencia israelí en los territorios ocupados nunca ha sido tan fuerte. Sólo cuentan los hechos, un único Estado entre el mar Mediterráneo y Jordán, que tolera en su interior algunas zonas autónomas, en la medida en que éstos no sean factores de desestabilización. Los pocos enclaves palestinos de Cisjordania pueden en cualquier momento sufrir la misma suerte que la Franja de Gaza: el acordonamiento total, o incluso el bloqueo. El único “Estado palestino” que podrá conseguirse no es un Estado independiente viable y soberano, cuyas bases materiales desde hace tiempo desaparecieron, y que ningún Gobierno israelí estará dispuesto a tolerar.


Lo que me lleva a mi conclusión, en forma de apertura sobre la actualidad. La pretensión del Estado palestino independiente fue formulada por la fracción dirigente de la OLP en un contexto de aislamiento internacional y regional, que le llevó a prever una solución “pragmática”, un “compromiso realista”. Pero incluso para esta fracción dirigente, no se concibió al Estado independiente como un fin en sí, sino como una etapa hacia la satisfacción del conjunto de los derechos nacionales de los palestinos (en particular el derecho al retorno y el derecho a la autodeterminación), hacia una solución para todos los palestinos, que viven en Cisjordania, Gaza, Israel o en los países en los cuales se refugiaron.


Desde este punto de vista, a la hora en que mundo árabe está conmovido por los levantamientos populares que conocemos, la pretensión del Estado palestino independiente parece anacrónica. Lo que vive actualmente el mundo árabe puede calificarse a mi modo de ver, de “segunda fase de las independencias”: después de haber conquistado la independencia formal, es decir, la salida de las autoridades coloniales y la conquista de la soberanía territorial, el pueblo árabe reivindica hoy la independencia real, deshaciéndose de regímenes que permanecen, o permanecían, básicamente sometidos a las antiguas potencias coloniales o a las nuevas potencias imperiales.


La pretensión “del Estado palestino independiente” permanece como una pretensión básicamente de tipo “primera fase”, en la medida en que implica su aceptación y su reconocimiento por la potencia colonial, Israel. Formulada en el contexto del congelamiento regional que siguió a las guerras de 1967 y de 1973, esta pretensión expresaba, en última instancia, la adaptación, por no decir la integración, de la cuestión palestina en el orden regional. A fortiori si se la piensa en vínculo con el principio de la “no injerencia en los asuntos interiores árabes” caro a la OLP de Yasser Arafat.

 

No hay nada de asombroso, en tales condiciones, en que la OLP, luego la AP, hayan imitado a regímenes árabes vecinos, incluso en sus peores excesos, y que Mahmud Abbas, Presidente de la AP, haya sido el último dirigente político que apoyó abiertamente a Hosni Moubarak, después de haber rendido homenaje apoyando a Zine al-Bedine Ben Alí en su discurso ante el congreso de Fatah hace dos años. La dirección “histórica” de la OLP, al igual que el proyecto de Estado palestino independiente, aparecen cada vez más desfasados de las nuevas generaciones políticas emergentes y de las pretensiones de independencia y de soberanías económicas y políticas reales que sacuden la región.


Más allá de la desaparición de las bases materiales del Estado palestino y los fracasos manifiestos de la construcción de una “independencia” a pesar de la continuación de la ocupación, es la cuestión de la adaptación de la consigna misma la que hay que plantear para no quedar a contracorriente de las evoluciones regionales. Hoy es más que probable, a la luz de los recientes acontecimientos, que la sociedad palestina no escape de la ola de revueltas que sacude a las sociedades árabes. Recomposiciones políticas, superación o bypass de las organizaciones “tradicionales” del movimiento nacional, reformulación de la estrategia y el proyecto… Tanta evolución que hará, a medio plazo, de la pretensión del irrecuperable Estado palestino una curiosidad histórica.

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